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martes, 10 de julio de 2012

Máncora: sigue la ruta por el Pacífico

Seguimos en el Pacífico, Máncora es un pueblecito de costa bastante turístico pero que fuera de temporada da gusto visitar. Nos alojamos en primerísima línea de playa, vamos que la arena casi entraba en la habitación, jaja.

Poco hicimos en este pueblo aparte de bañarnos (ya está calentita el agua en estas latitudes), tomar cervecillas, probar el ceviche de conchas negras y disfrutar de la finalísima. Esto último fue cuanto menos gracioso, porque se fue la luz en todo el pueblo y no había forma de encontrar un sitio con generador y televisión por satélite. Ya rendidos mientras comíamos unos tacos, el dueño del local le comentaba a otro que iban a ver el partido a un hostal a las afueras, así que engullimos la comida y nos fuimos a toda leche... llegamos justo para el 1-0. Otra anécdota fue que cuando faltaban 10 minutos para finalizar el partido se acabó la gasolina del generador, así que cuando arrancó de nuevo ya habíamos pasado del 2-0 al 4-0 (Torres, eres un pepino igual!!).


En busca de hostal en moto-taxi

Ceviche de conchas negras

Viendo la final

Nuestra playita xD

Laura disfrutando de la brisa pacífica

Fuegos por San Pedro

Huanchaco: por fin playa!

Después del duro trabajo (jeje) en la comunidad nos merecíamos un poco de relax en la playa, así que amanecimos en Huanchaco, muy cerquita de Trujillo.

Nos alojamos en Casa Amelie, una casa familiar donde sus dueños son majísimos y nos hicieron sentir como en casa. Prueba de ello era que el resto de habitaciones estaban ocupadas por gente que llevaba allí meses. Allí coincidimos con Reney y Paul (Holanda), y Alex y María (Alemania y Rusia). Eran gente muy maja con los que compartimos buenos momentos (como el pase a la final de España).

Huanchaco es una zona bastante tranquila habitada por los buscadores de olas, está plagado de surfers, entre ellos Paul y Alex, a los que todas las mañanas veíamos desde la terraza mientras desayunábamos volver con una sonrisa de oreja a oreja después de pillar unas cuantas olas.

Aparte de los surfers, podías encontrar pescadores locales que todavía utilizan sus caballitos de totora (embarcaciones tradicionales hechas de juncos).

En este tranquilo hostal descansamos a la espera del reencuentro con Javi, que después de un mes largo por Perú y Bolivia pasando frío también estaba deseoso de sol y playa... aunque creemos que vino porque nos echaba de menos, jaja :P

Este placentero descanso sólo se vio alterado por los deseos de Laura de visitar Chan Chan, una ciudad precolombina de adobe y bla bla blá... vamos que si eres un apasionado de la cultura Chimú igual te meas encima al verlo, pero al menos para mi fue una mierda. Yo lo definiría como un laberinto de barro reconstruido por la escuela taller de Trujillo, jajaja, qué manera de tirar por lo suelos a todo un reino. (Laura no es tan drástica pero la vi bostezar varias veces, jaja). Menos mal que nos hicimos pasar por estudiantes y nos cobraron la mitad :P


Atardecer desde nuestra terracita

Caballitos de totora

Atardecer en la playa

Surfer aprovechando los últimos rayos

El perro-cerdo: perro peruano sin pelo

¿Estará fría el agua?

No echamos tanto de menos España, jaja

Chan Chan y se acabó

Kiosco donde reparan pelotas

viernes, 6 de julio de 2012

830 diablillos

Después de cinco intensas semanas toca sentarse a reflexionar sobre la experiencia que hemos vivido, y cómo no, compartirlo con todos vosotros.

Nuestro paso por la Comunidad ha estado repleto de experiencias, sentimientos, tiempos de reflexión, pero sobre todo de aprendizaje. Conscientes de que en un mes no podíamos cambiar nada, nos centramos en ayudar en todo lo posible. Los primeros días fueron un tanto desconcertantes, nos asignaron una casa a cada uno (los niños viven en diferentes casas dentro de la comunidad separados por sexo y rangos de edad) y ya, a partir de ahí ancha es Castilla: haz lo que quieras y puedas. ¡Ah! Una de nuestras experiencias fue vivir nuestro primer temblor (fueron tres en un mes y el último a Laura le pareció toda una vida).

La Comunidad se encuentra en un asentamiento humano a las afueras de Lima que cuenta con las trece casas, un colegio, biblioteca, clínica, talleres (panadería, soldadura, costura, etc), comedor e incluso un kiosco.

A Laura le tocó lidiar con las Suzuki, 30 niñas entre 11 y 16 años y la peque de 7, muchas de ellas en plena edad del pavo y con ganas de crecer demasiado rápido. Laura era todo oídos para escuchar sus problemas, ya que -como ellas dicen- “aquí no tenemos con quién hablar porque la de al lado también tiene problemas e incluso mayores”.

A mi me tocaron los “Bendinat”, el nombre para empezar es gracioso porque se lo puso un catalán (Ben dinat). Eran 50 niños de entre 8 y 14 años cada cual más cabroncete. Una auténtica batalla campal donde hacía las veces de tutor y de árbitro de boxeo.

Nuestro principal objetivo, aparte de ayudar en las tareas diarias como servir la comida, era ayudarles con los deberes y la verdad es que después de ver las condiciones en las que tienen que realizar las tareas, te puedes dar con un canto en los dientes si al menos cinco son capaces de concentrarse (no tienen sillas ni mesas, son cincuenta en una salita, cuando no hay dos pegándose a uno le han robado el cuaderno, al otro le han clavado un lápiz en la pierna, que si no tengo lápiz, que si no tengo goma, y un sinfín de anécdotas para no dormir, jeje). Por no hablar de los piojos que ves saltando entre sus cabezas (Laura incluida) como si de concursantes de humor amarillo se tratase.

Esto en cuanto a nuestras casas, pero nos gustaría contaros la situación general de toda la Comunidad: niños y niñas en situaciones muy complicadas por diferentes problemas familiares, muchos vienen de los barrios más pobres, otros de la selva y muchos otros de las montañas. Algunos tienen la suerte de recibir la visita de familiares los domingos, pero muchos otros viven alejados de sus familias durante todo el año... aunque como ellos dicen: esta es su familia.

Uno de los momentos más curiosos del día es la hora de comer, con toda la logística que se despliega (organizada a la peruana... ejem, un poco desastre pero funciona): desde el momento en que empiezan a cocinar con sus nueve ollas gigantes, las pobres ya aburridas de ser rellenadas con lentejas o arroz la mayoría de los días. La señora Pati se maneja como pez en el agua para dar de comer a estos 830 diablillos y conseguir que la comida llegue a ser apetecible (sobre todo cuando llevan casi tres semanas desayunando, comiendo y cenando lentejas). Es sorprendente ver a los niños comer sin rechistar, ahí queríamos ver a más de uno ;)

Durante las comidas también se puede ver lo asumido que tienen el tema de compartir, y esto por nuestra experiencia parece ser que es directamente proporcional a la pobreza del lugar. Es habitual ver cómo se pasan la comida de unos a otros, aunque no sólo comparten la comida, a veces no hay suficientes vasos, platos o cucharas (¿en España los niños pobres también comen sólo con cuchara? - preguntaba un niño-) y se comparten y punto.


La oración antes de comer

Las pulgas (los bebés) merecen un capítulo aparte, ¡vaya tela!, 40 bebés bajo el cuidado de dos mujeres y la ayuda de los voluntarios, que empezamos apareciendo por allí a ver lo monos que son y terminamos yendo a diario para echar una mano dándoles de comer y lo que haga falta (bueno, reconozco que el paso por boxes yo no lo he hecho, jajajja). Lo más chocante que hemos visto ha sido a un bebé de pocos meses tomando su biberón apoyadito en su propio brazo sin la ayuda de nadie! Aunque también se nos caía la baba viendo a un niño de dos años dando de comer a una de pocos meses. Vamos, que la supervivencia es lo que tiene, al final se apañan con lo que hay.

Pero sin duda alguna, lo que te rompe el corazón es la necesidad de cariño que tienen todos estos renacuajos: buscan un abrazo en cualquier momento, los más peques se te abrazan a la pierna o se te duermen apoyados en tu pierna mientras estás sentado dando de comer a otro, las pulgas te llaman papá desde el primer momento en que te ven. Un ejemplo que confirma esta necesidad, es María, una niña que el primer día que llegamos tenía frío y le di un abrazo para abrigarla... desde ese día se convirtió en mi sombra siguiéndome a todas partes hasta el último momento, cuando se quedó llorando en la puerta de la comunidad para despedirnos. ¡Mirad que guapa es!

Bastaaaaantes fotos


La comida está lista

Preparando las pizzas de despedida

Salando pollos para la gran pollada (10.000 raciones)

Protocolo de actuación ante terremotos

La colada

Huyendo de la cámara


Las Pulgas


Cati

Monito zampando como siempre

Los "mayores"

Cuñaaao

Miguel  encantado con Laura

Batalla campal

Lástima que no la vimos caminar solita

Pedazo siestaca

Otra de las princesitas

Se nota que es nuestra preferida, jeje

Corriendo hacia la cámara

Madre e hija

Así da gusto dormir

Lucy saboreando el arroz

Ruby, alias Cabeza (para mi ojazos)

Nos encanta esta niña

Laura con los peques

Todos tienen su momento

Miguelito endiablado

Los monos también tienen mocos

Laura & Ruby

Hello!

Foto de familia

Está siendo un duro día para algunos, jojo

Bendinat


Viendo la tele

Me llevo dos

Hay hambre

El gran Tacuchi... es guapo realmente, jaja

Pajarito, el más travieso de los Bendinat

Cualquier momento es bueno para leer

Ellos también quisieron jugar con las perspectivas

Bombero, el futuro mago de la comunidad

Despedida con pizzas para todos

Suzuki


Las pequeñas de las Suzuki: Florcita y Mari cielo

Fiesta de despedida

Diana y Merián

Sandra, alias Chavito

Vanessa

Fiesta de despedida